La Cápsula del Tiempo

Estos últimos días se estuvo hablando bastante de un proyecto que me gusta mucho, una **cápsula del tiempo** que se presentó en el MALBA y que busca llevar parte de nuestra vida cotidiana 200 años al futuro, a la Buenos Aires de 2210. Claro que esto jamás lo veremos, y de eso les quiero hablar después de contarles de qué se trata esto.

El proyecto consiste en una cápsula con alrededor de 12 terabytes de información en los cuales habrá fotos, video, audio y texto de la vida cotidiana de todos los que quieran participar de esta iniciativa. Cualquiera puede subir contenidos, así que el mensaje a los habitantes del mañana será una construcción colectiva.

Como cuenta Clau en Eterna Buenos Aires, la Cápsula de Tiempo 2210 tiene forma de cilindro, está construida en titanio, tiene casi 3 metros de largo y 250 kilogramos de peso; en ella se almacenarán 500 discos Blu-Ray de alta resistencia que contendrán las copias de los archivos subidos a la web. El cilindro se depositará en un lugar público de Buenos Aires, todavía a definir, para ser abierto el viernes 25 de mayo de 2210, al mediodía.

Desde hoy y hasta el domingo 8 de noviembre -o hasta alcanzar los 12 mil gigabytes, lo que ocurra primero- podemos subir nuestros archivos a la Cápsula, registrándote primero en la web. Luego de esa fecha, comenzará luego el proceso de copia de todo el contenido en los discos Blu-Ray para su posterior clausura.

A mi esto me parece fascinante y conmovedor a la vez. Quiero decir, me encanta el concepto de las cápsulas del tiempo. Guardar un poco de nuestra esencia para verlo 1, 10 ó 50 años más tarde es una de las cosas más divertidas y también reveladoras que podemos hacer. La mirada al pasado que tenemos cuando abrimos una de estas cápsulas (que pueden ser cajas, o hasta viejos cuadernos) nos muestran cuánto hemos avanzado en nuestras vidas, y es impactante.

Pero pensar en 200 años al futuro también implica que ninguno de nosotros va a estar acá para verlo. No para ver nuestro pasado, ni nuestro futuro. Y entonces encarar un proyecto como este, sabiendo que nadie, nadie de los que estamos ahora va a seguir dando vueltas, ni siquiera nuestros hijos (con suerte, nuestros nietos, y tal vez ni siquiera) es una forma de extender nuestra existencia más allá de los límites de nuestras propias vidas.

Yo ya me estoy armando mi Cápsula 2210, obviamente, aunque todavía no terminé de pensar qué voy a subir a ella. ¿Y ustedes?

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