El futuro del futuro

Este post fue escrito por nuestro amigo Gustavo de Dalgrev.

Viendo el spot publicitario de Tecnópolis, me puse a pensar en aquellos científicos, ingenieros, escritores de ciencia ficción o simples visionarios del pasado, que han pronosticado, con distinto grado de acierto, el futuro en el que vivirían sus descendientes.

Algunos lo hicieron basándose en el estado de la ciencia y la tecnología en ese momento, extrapolando hacia adelante, otros apelando a la inventiva o la imaginación. Lo cierto es que a todos nos gustaría conocer, aunque sea a grandes rasgos, lo que nos depara el porvenir.

Sin entrar en las profecías apocalípticas surgidas de los sueños lisérgicos de algún gurú del pasado, a lo largo de la historia, siempre hubo quienes nos ayudaron a imaginar el futuro. Tipos como Arthur C. Clarke o Jules Verne pronosticaron, quizás involuntariamente muchas de las tecnologías que hoy son un hecho consumado, otros como Gordon Moore, conociendo el paño, se animó a formular la famosa ley sobre los microprocesadores que lleva su nombre y se va cumpliendo desde mediados de los sesenta del siglo pasado.

Sin embargo, no muchos habrán imaginado el impacto de las redes de transmisión de datos, la telefonía móvil, el estancamiento de la carrera espacial o la dependencia, casi adictiva, a los gadgets en casi todos los aspectos de la vida; porque, seamos sinceros, ninguno de nosotros nos imaginamos vivir sin Internet o celular.

Hace unos años, cuando recién me animaba a viajar conduciendo por lugares que iba descubriendo en el camino, con mi familia nos vivíamos perdiendo, debiendo recurrir a un viejo y enorme mapa que llevaba plegado en la guantera del auto, rogando por la aparición de carteles en la ruta o preguntando a los residentes de los poblados cuando no quedaba otro remedio; y era divertido, al menos luego, cuando nos quedaba la anécdota. Ahora la cosa es mucho más fácil y, hasta aburrida podría decirse, ya que no se me ocurriría viajar sin el GPS por lugares desconocidos, teniendo que buscar las estaciones de servicio u hoteles cercanos analógicamente.

Podría decirse que la tecnología aplicada a la vida cotidiana nos ha ayudado a organizarnos, facilitando el acceso a la información, optimizando el tiempo. Tiempo este que deberíamos aprovechar para lo demás, para la parte linda, esa que no funciona a baterías, aunque a muchos nos cueste horrores acceder a la desconexión, salvo que sea forzada.

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