Crónicas de mi paso por la exhibición de Game of Thrones – Parte 1

Todo empezó como un chiste. “Van a hacer la exposición de Game of Thrones en San Pablo. Yo me subo a un avión y voy” dijo Paula, o algo así. Yo me reí y le dije “Vamos, a full”. Pero en mi cabeza no me estaba riendo, estaba pensando “Hey, no es una mala idea“.

Como estoy tratando mucho de hacer que las cosas pasen, y no sentarme a esperar, empecé a averiguar, hacer números y preguntas. Y así, esa idea se volvió una realidad.

GOTSP

Primero que nada, el tema de la entrada. Aunque los tickets eran gratuitos, se estaban agotando rápidamente, y al estar yo en Buenos Aires, me era imposible reservar uno. Por suerte, las chicas de prensa de HBO me dieron una gran mano para poder conseguirme una entrada. El primer paso estaba dado. (Acá vale la pena un disclaimer: HBO no me invitó a la expo, ni a Brasil, ni me pagó nada; todo fue idea mía y me lo pagué solita. Sí me ayudaron a conseguir el ticket y fueron super amables conmigo como siempre. Sin ellas no lo hubiera podido hacer).

Segundo: pasajes. Tuve mucha suerte. Las millas que tenía en United daban justo para ir y volver de San Pablo, y encima sin escalas. Un problema menos.

Tercero, el trabajo. Tengo la enorme suerte de trabajar en un lugar que nos deja poder pasar algunos días en oficinas de otros países si viajamos por otros temas. Y en la oficina de San Pablo trabajan además dos compañeras con las que trabajo muy de cerca, así que no solo fue un gran viaje por la expo de Game of Thrones, sino por poder trabajar un par de días con ellas.

El día de la exhibición me levanté a las 6:30 de la mañana. No tenía que estar en el lugar sino hasta las 9:45, pero me gusta hacer las cosas con tiempo y le tenía miedo al tráfico de San Pablo y su mala reputación. Desayuné, me puse lo más linda que pude, y a las 8:15 ya estaba en un taxi yendo al Shopping JK.

El tránsito resultó ser muy liviano, y antes de las 9 ya estaba en el lugar, que no abría hasta las 10. Me quedé esperando afuera, caminando, trabajando desde el celular (gracias por tanto, tecnología móvil), viendo a los empleados del Shopping entrar, y después, poco a poco, llegar a los fans de la serie.

Desde los que se veían normalitos, como yo, hasta los que venían con remeras y cosas de la serie, incluyendo uno con un tatuaje que decía Valar Morghulis. Había gente sola, y grupos de amigos. Emoción, expectativa, ganas.

Finalmente llegó la hora y aunque no voy a decir que entramos corriendo como estampida al lugar, sí lo hicimos todos con pasito acelerado. Hacer la fila para entrar fue simple, estaba todo bien organizado; lo único que se me complicaba era el tema del idioma por momentos, pero logré sortear obstáculos y, finalmente, entrar en ese salón donde Westeros cobraba vida.

En realidad, primero me mandé a donde no correspondía. Vi una escalera, y subí, naturalmente. No había nadie salvo un par de guardias de seguridad. En un portuñol vergonzoso le pedí a uno que me saque una foto con el fondo de la expo, que salió muy linda, pero él no entendió el concepto de “fondo”:

Ceci GOT 1

Cuando empiezo a mirar (había un pequeño escenario y mesas con comida), escucho a otra persona decir algo así como “Señorita, señorita!”. Hasta que me di cuenta que era yo pasaron unos segundos, y lo primero que dije fue la frase más repetida de estos días: “Eu no falo português”. El señor, muy amable, me explicó que me había confundido, que la expo era abajo. Con las mejillas coloradas me disculpé y ahí sí, bajé la escalera y me metí de lleno en el mundo de Game of Thrones.

Lo primero que vi fue un armado con todos los trajes de la familia Stark. Iguales a como los vemos en la serie, te emociona estar ahí, tenerlos a solo centímetros de distancia. También es muy interesante ver el tamaño de los mismos, que te da una idea de la contextura física real de los mismos. No son particularmente altos, y por ejemplo, Catelyn es más baja que Sansa, y casi del mismo tamaño que Ayra.

Pasado el sector Stark (había uno para cada casa, con sus historias, fotos y videos de los actores y productores hablando de ellas), vi a la estrella de la exhibición: el Trono de Hierro. Nadie haciendo fila. Me mandé de una.

El trono en realidad es una réplica exacta, no el “de verdad”, pero cuando estuve sentada ahí me sentía la Reina de Westeros. Si no, miren ustedes:

Ceci GOT Trono

Esta foto después me la dieron impresa, aunque tuvo un incidente con un sticker que tenía suelto en mi bolso, y ahora está en terapia intensiva mientras veo cómo puedo sacárselo sin destruirla.

Siguiente paso: la casa Lannister. El inconfundible vestido de Cercei, el viejo traje de Jamie, la armadura de Tyron (sin dudas uno de los personajes favoritos de todos), incluso el traje de rey de Joffrey (sin dudas uno de los personajes más odiado por todos). Junto a ellos, fotos, videos, y, como en el resto de las casas, un árbol genealógico. Les dejo a ustedes que encuentren la mentira en éste:

Lannisters

Después de los Lannister, el momento que estaba esperando. Mi casa favorita. La casa Targaryen. En el centro, los dos trajes más usados por Daenerys (o Khaleesi, como más les guste), junto a un modelo a escala real de los dragones en la tercera temporada. No quiero sonar demasiado patética, pero sentirme tan cerca a uno de mis personajes femeninos favoritos me emocionó mucho. Los trajes son tan chiquitos como nos imaginamos al ver la serie. Emilia Clarke debe ser bastante petite :)

Además de los trajes y los dragones, estaban los huevos petrificados de la primera temporada. No, estos no eran réplicas, ¡eran los que se usaron en la serie! De hecho, solo había dos de ellos, porque el tercero se lo regalaron a George Martin para su boda.

Huevos de Dragon

De los Targaryen pasé a la parte interactiva de la exhibición: la Batalla de Blackwater Bay. Pero para eso, van a tener que esperar a la segunda parte de esta crónica.

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