
Soy una convencida de que en esta vida la apariencia externa tiene que ser solo algo incidental, algo en lo que está bueno fijarse solo una vez que nos hemos desarrollado como personas, ya que ser una linda cáscara pero vacía de contenido es desaprovechar todo lo que podemos ser como seres humanos. No estoy en contra de cuidar nuestro aspecto, al contrario, me parece algo que hay que incorporar en nuestras rutinas, solo que no debería ser lo más importante.
Sin embargo, qué difícil es sostener esta creencia cuando nos encontramos con documentales como el que quiero compartir con ustedes hoy.
En el video que acompaña a este post, una chica se vistió de dos formas bien diferentes para encarar la misma situación: pedir cosas gratis. Así es, con una completa resolución, se dedicó a ir por la ciudad pidiendo cosas gratis, desde comida hasta viajes en taxi. Un día lo hizo vestida como una mujer infartante, y la otra, como una mujer normal algo desalineada.
Siempre me sentí cómoda en los ámbitos “de hombres”, con lo cual estoy acostumbrada a que las que tenemos cromosomas XX seamos minorías en los ambientes en los que me muevo. El problema con esto es que muchas veces los lugares de más exposición o liderazgo, sean del área que sean, también están dominados por los hombres. ¿Por qué?


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