Estoy sentada, y cuando pienso el el título de este post, se me acelera el ritmo cardíaco y me tiemblan un poco las manos. Estoy sola frente a la computadora. Sola es como voy a afrontar el final de LOST, esta serie que cambió para siempre mi forma de ver TV. Pero sé que no estoy sola: miles y miles de personas están igual que yo. Algunos afortunados podrán ver el final en vivo. Yo, en esta parte del hemisferio, tendré que quedarme despierta hasta tarde para conseguirlo por otros medios.
Trato de hacer alguna reflexión interesante o profunda, o aunque sea conmovedora, pero no puedo. En este momento solo siento la ansiedad en el cuerpo, esas ganas de que llegue la hora y de que no llegue. Y entonces lo quiero compartir con ustedes.
En realidad, compartir hasta la mitad. Tengo una paranoia tal anti-spoilers que no voy a leer los comentarios hasta que no haya visto The End, y estoy segura que más de uno de ustedes está igual que yo. No me animo a abrir Google Reader y Twitter es territorio prohibido en este momento.




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