Habiendo vuelto de las vacaciones, mi cuerpo está empezando a quejarse nuevamente de las largas horas que pasa obediente frente a la computadora. Ya sea que se trabaje en una oficina o en la propia casa, el tema de lograr un ambiente de trabajo cómodo y ergonométrico parece sencillo pero no lo es. La verdad, que el confort también ayuda a rendir más y mejor en nuestras tareas diarias y a lograr disfrutar más el tiempo libre.
En vistas de esas metas que se hacen a principios de año (Habit21 mediante), me propongo lograr tener un espacio de trabajo prolijo y que evite que mi cuerpo se resienta al final del día. Una gran materia pendiente del año pasado.

Por ejemplo, empezaré evitando esos enjambres de cables, revueltos de anotaciones y tazas usadas. Pero esa es sólo la parte “fácil” si se quiere. El resto tiene que ver con lograr estar cómoda todas las horas que se esté trabajando en el teclado.
Como en todo, qué nos hace sentir confortables es una elección personal. Viendo opiniones de lectores en diversos artículos, he llegado a la conclusión que lo que necesitamos para poder disfrutar del espacio del trabajo diario puede pasar por:



