Hace bastantes años atrás (Para que se ubiquen era la época dorada de los diskettes de 3 ½”), estaba en un negocio de venta de celulares a punto de comprar mi primer teléfono: Un Motorola Startac. La vendedora me dijo: “Antes de usarlo, cargalo 24 horas y siempre deja que la batería se agote completamente antes de volver a cargar, de esa forma prolongarás la vida de la batería”. Nada más deseable que mantener la batería en buen estado de salud… ¡Gracias por el consejo! Por supuesto, no sólo lo recordé, sino que lo cumplí al pie de la letra.
Antes de llegar al año de uso, la batería pasó de durar 3 o 4 días a durar con viento a favor y pidiendo aire sólo uno. ¿Por qué? Porque, en su ignorancia, la vendedora en vez de haberme ayudado, me había dado la receta para condenar a una muerte lenta y progresiva la autonomía de mi todavía flamante celular.

Nobleza obliga, debo admitir que yo también había adquirido esa costumbre equivocada, heredada de las viejas baterías Ni-Cd (Níquel-Cadmio) que padecían el temido “efecto memoria” (El efecto memoria es un fenómeno que reduce la capacidad de las baterías con cargas incompletas). Pero lo que yo no sabía es que el celular tenía una nueva tecnología de baterías, creada a mediados de los años 90 del siglo pasado: Las famosas baterías Li-Ion (Ion de litio).


Todos tenemos algún amigo, familiar o compañero de trabajo que recién se está insertando al mundo del email (en mi caso, mi madre*) . Con ellos, tenemos que tener mucha paciencia, y tratar de enseñarles cómo ser seres mínimamente civilizados y tolerablemente molestos a la hora de apretar “Enviar”.
Cómo crear contraseñas seguras y fáciles de recordar
5 consejos (¡comprobados!) para refrescar tu trabajo










Sigue a Acceso Directo