Esta semana se viralizó una campaña algo polémica llamada “Kony 2012“, con variantes como “Stop Kony” y “Make Kony famous“. Y aunque a simple vista parezcan frases que se usarían para un nuevo Justin Bieber, la temática en cuestión no podría estar más alejada de eso: Kony es un atroz criminal de guerra que secuestra niños y tortura gente en Uganda. Y está suelto.
El asunto tiene muchas aristas y hasta no tener media hora para ver el video (que recién pude ayer) no quería hablar a la ligera del tema. Si aún no lo vieron, aquí lo tienen:
“El video” es un documental hecho por la gente de la ONG Invisible Children en el cual se detalla la actividad de Kony, y sus planes y deseos (casi súplicas) para capturarlo. En este deseo estamos todos absolutamente de acuerdo y deseo fervientemente que atrapen a ese desgraciado (y otras cosas que no voy a escribir porque sería políticamente incorrecto). La polémica pasa por otros lados.
Por un lado, lo “marketinera” de la campaña me produce sentimientos encontrados. Por un lado, creo que se presenta un tema sumamente serio de un modo demasiado cool, que estaría muy bien para una campaña de reciclaje en la ciudad, pero me choca un poco para un asesino de masas. Pero por otro lado, esta modalidad logró que el video sea visto por millones de personas en solo unos días, poniéndolas en contacto quizás por primera vez con una temática tan terrible, y eso es meritorio.









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