Solo si te conozco en la vida real

Cuando uno tiene una vida activa –muy activa– en las redes sociales, dejamos entrar a ese pedacito de nuestras vidas a muchas personas.

Vivimos compartiendo contenido e invitando a desconocidos a que lean nuestro blog, nos sigan en Twitter, nos agreguen a un círculo en Google Plus o sean nuestros amigos Facebook. Les dejamos ver nuestras fotos en Flickr, lo que rebloggeamos en Tumblr y hasta cuando vamos al médico en Foursquare. Pero, ¿dónde trazar el límite?

Más allá de las clásicas cuestiones de seguridad, a veces hay un límite que se refiere a poder compartir cosas solamente con las personas que son parte de nuestra “vida real”. Generalmente me refiero por este término a las personas que están en nuestra vida offline, como mejores amigos, pareja y familia, pero creo que hay ciertas presencias online que son muy reales en nuestras vidas.

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¿Tecnología en las vacaciones?

Ahora que se acerca fin de año, y con él, las vacaciones, me parece un buen momento para preguntarnos sobre la tecnología y las vacaciones.

Yo me fui de vacaciones a mitad de año, y en ese momento pregunté en Google+ qué gadgets me debería llevar a mis vacaciones. Para mí, el Kindle, el iPad y la notebook tienen tres propósitos bien diferentes (leer, navegar/ ver contenido, y escribir, respectiva y básicamente) que me servirían en mis horas de descanso, pero al mismo tiempo sentía que era una exageración cargar con tantas cosas.

Algunas de las respuestas fueron bien prácticas (ej: “Instalá la aplicación de Kindle en el iPad, y dejalo”), pero muchas otras apuntaban a que mejor dejar todo o casi todo en casa. Si no, no serían vacaciones. No puedo decidirme sobre si estoy de acuerdo con esos puntos o no.

Por un lado, Santiago Do Rego me dijo, un tiempo después, algo con lo que sí estoy de acuerdo: no hay ningún mérito en no llevarse tecnología de vacaciones, y usarla en los tiempos de descanso no es termómetro de qué tanto uno descanse o no.

Mi experiencia personal fue que, aún llevando todo, me desconecté realmente porque no sentía la necesidad de usarlos, ni de revisar las cuentas online, más que cuando tuviese realmente ganas.

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El rol del trabajo en nuestra sociedad

Me gustaría compartir con ustedes algunos párrafos de la brillante nota de Douglas Rushkoff para CNN que encontré hace uno tiempo, impecablemente traducida en Derecho a Leer: Por cada e-mail que envías, un cartero se queda sin trabajo.

En la misma, tiene un par de reflexiones muy acertadas sobre el trabajo en nuestra vida actual. Específicamente, aborda de lleno la cuestión del trabajo como un medio o como un fin en sí mismo:

Tengo miedo hasta de preguntarlo, pero ¿desde cuándo el desempleo es realmente un problema? Yo entiendo que todos queremos nuestro sueldo a fin de mes —o por lo menos dinero. Queremos comida, refugio, ropa, y todas las cosas que el dinero nos compra. Pero ¿realmente todos queremos puestos de trabajo?

Para poder aprovechar realmente esta reflexión es necesario que nos despojemos de ciertos conceptos y prejuicios, como si una persona que no trabaja es digna de tener ciertas cosas. Eso ya es tema de otra discusión.

Centrémonos en cambio en la cuestión de si el trabajo es bueno como medio para vivir, o si es bueno como un fin en sí mismo, algo que creo que está en la raíz de nuestra cultura de productividad moderna.

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Todo es un remix

–En la época de Hume estaba muy extendida la creencia de que había ángeles. Al decir «ángel», nos referimos a una figura de hombre con alas. ¿Has visto alguna vez un ángel, Sofía?

–No.

–¿Pero habrás visto una figura de hombre?

–Qué pregunta más tonta.

–¿También has visto alas?

–Claro que sí, pero nunca en una persona.

–Según Hume, «ángel» es un concepto compuesto. Consta de dos experiencias diferentes que no están unidas en la realidad, pero que, de todos modos, en la imaginación del hombre han sido conectadas.

[...]

Otro ejemplo es el «pegasus», es decir, un caballo con alas. En todos casos tenemos que reconocer que la conciencia ha jugado su propio juego. Ha cogido las alas de una impresión y el caballo de otra. Todos esos conceptos han sido percibidos en alguna ocasión y han entrado en el teatro de la conciencia como «impresiones» auténticas. Nada ha sido inventado por la propia conciencia.

Jostein Gaarder, El Mundo de Sofía (Siruela, Madrid, 1995)

 

Del viernes 24 al domingo 26 de junio se realizó, en distintas sedes, el evento Buenos Aires Futura, organizado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Tuve la fortuna de poder ir el sábado a la sede del Planetario, y tuve más suerte todavía al verme acompañado por gente como Cecilia Saia (supongo que les suena), Daniel Abadie y Conz Preti.

Estuvo muy lindo a pesar del frío, había stands interesantes y un par de charlas, y pude asistir una de ellas, titulada “El impacto de las redes sociales en el mundo actual“, en la que hablaron figuras como lo son Alejandro Piscitelli, Pablo Aristizabal y Lorena Amarante (todo esto con la moderación de Rudi Borrmann).

Se habló de muchas cosas dentro de la infinidad de cosas que engloba una frase como la que encabezaba el debate, pero me llamó mucho la atención una cosa que mostró Alejandro Piscitelli (filósofo con dos másters especializado en nuevos medios), que habló más que nada de la evolución de la comunicación y cómo las redes sociales nos llevan a una etapa de lo que él llamó “oralidad secundaria”, y mencionó que no existe el contenido puramente original, solo la transformación y la copia de otra cosa que hizo alguien más, el mashup, el remix.

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Estar conectados: ¿Un arma de doble filo?

En muchos países de Asia no es raro ver a hombres mayores hablando por celular. De hecho, en la India, hay gente viviendo en la calle que pide limosna y suspende su actividad para hacer o recibir una llamada. Es una realidad que los teléfonos móviles, así como otros aparatos tecnológicamente avanzados han inundado todos los rincones del mundo habitado… y no tan habitado también. Ricos y pobres, grandes y chicos, mujeres y hombres, todos tarde o temprano sucumben por igual al feroz avance de la tecnología. Avance que a veces nos beneficia, pero otras nos perjudica. ¿Cómo?

Adiccion a la tecnologia

Nadie negará que la tecnología vino para hacernos la vida más fácil, pero hasta cierto punto puede también complicarnos la existencia.

¿Podemos valernos de la tecnología de manera equilibrada y a la vez considerada? ¡Te invito, querido lector, a que me acompañes a descubrirlo! Sigue leyendo