Ayer tuve la oportunidad de entrevistar a Marga Bosanac, parte del equipo de Ohhtel.com, un sitio de citas bastante polémico. ¿Por qué? Porque está pensado especialmente para personas casadas que no tienen sexo con sus parejas, y deciden buscarlo en alguien más.

Empecemos por el principio. Ohhtel nace como respuesta a un dato estadístico: en Estados Unidos, más de 40 millones de personas están en matrimonios en los cuales no hay relaciones sexuales, sea por la razón que sea. Y aunque esto es una causa grande de malestar, para muchos no es razón suficiente para divorciarse, o simplemente no pueden hacerlo. ¿Cómo manejar entonces esta necesidad física?
Ohhtel nace para responder esa pregunta, proponiéndose como un sitio de citas donde personas casadas pero sin vida sexual puedan encontrarse con otros en su misma situación, concretar, y luego seguir con sus vidas. Por más paradójico (y discutible) que suene, ellos lo plantean como una opción no para destruir parejas, sino para conservarlas.
¿Solo para personas casadas?
Ohhtel destina su servicio únicamente a personas casadas, de modo tal que el encuentro que se produzca sea entre dos personas en la misma situación. ¿Por qué? Porque consideran que de este modo se garantiza más discreción, ya que al estar los dos casados, probablemente ninguno le quiera hacer quilombo al otro. Además, en teoría, es para gente que quiere seguir casada, con lo cual eso reduciría aún más las posbilidades de planteos más tarde. Pero repito, en teoría.
Una de las preguntas que se me vino a la mente es entonces si de alguna forma pueden asegurarse de que la gente que se registra está en efecto casada. La repuesta es no. Cuando indagué en el por qué, Marga me comentó que para ellos es una cuestión de uso. En todos los sitios de citas se puede registrar cualquiera (por ejemplo, un casado en uno de solteros, un hétero en uno de homosexuales, etc), pero por lo general la gente no lo hace ya que simplemente no es de su interés. Si bien esto tiene sentido, yo creo que esto es un potencial agujero en la discreción que mencionábamos antes.




Compartir un libro es una de las acciones más lindas que se pueden hacer. Muchos de mis libros favoritos llegaron a mí a través del préstamo de amigos, y me encanta poder dar a otro, durante un tiempo, el preciado tesoro que puede haber en las páginas de los míos. Por eso cuando hace un par de semanas compré mi primer libro de Kindle, sentí un vacío al no poder dárselo a nadie más.


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